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Sex Education, de Laurie Nunn – Temporada 1

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No es no. Es mi vagina, es mi cuerpo. No puedes elegir quien te atrae. Son todas sentencias fuertes que en los tiempos que corren se han visto visibilizadas y puestas en la agenda del mundo globalizado, desde una discusión en el senado, hasta el programa de la tarde pasando por la mesa familiar del domingo. El mensaje es claro, el debate llegó para quedarse, los tiempos han cambiado, llegó la época de la deconstrucción.

Sex Education pone en la voz de sus protagonistas estos y muchos más tópicos al contar la historia de Otis, un joven de quince años, que batalla el día a día de los problemas de un adolescente típico: el despertar sexual, la transformación de su cuerpo, el primer amor, el ser un “distinto” en el colegio, las peleas con su mejor amigo. No obstante Otis atraviesa esta transición con un agregado más, su madre, una terapeuta sexual bastante particular. Con una apertura sexual atípica para la imagen de madre, hasta de madre moderna que han mostrado varias ficciones de los últimos tiempos, y con una tendencia a meterse un poco más de lo debido en la vida de su hijo, el personaje interpretado por Gillian Anderson es la puerta de entrada para ese otro público que no es el adolescente, sino los adultos y los adultos mayores.

¿Pero esta es la historia de Sex Education? No. Este es el envoltorio, la construcción necesaria para hacer atractiva una serie que es mucho más profunda en complejidad y en diversidad. Y es que Sex Education trata tantos temas, y tan bien, en solo ocho capítulos que es imposible resumir en una nota cuáles son sus ingredientes. Ante esta dificultad, y con temor a pecar de una mera acumulación de temas y motivos, prefiero elegir dos de los temas que la serie trata de una manera fresca para resumir su espíritu: la amistad y las familias diversas.

Otis tiene un mejor amigo, Eric, brillante personaje repleto de matices, una versión actual y tridimensional de “puto plumífero” que durante tantas décadas las ficciones mostraban como la única realidad de ser gay, una realidad que se empeñaban en mostrar como patética y triste. Eric, y su fuerte mensaje a la diversidad y la originalidad, es un poco el alma de la serie. En una ficción con decenas de personajes que respiran vida – Meave, la chica interés amoroso de Otis merecería un estudio solo para ella – Eric se desprende y politiza con cada aparición, con cada comentario, con cada cambio de look. Nada sobra en Eric, y nada sobra en esta relación, Y es en la relación de Otis y Eric donde la serie se permite ser abiertamente ñoña. Todos queremos esa amistad, todos queremos un amigo como Eric, y fuimos alguna vez un amigo como Otis. Y si no mirar el capítulo en que se linkea con Hedwing and the Angry Inch y su hermosa resolución.

Pero también a todos nos hubiera gustado crecer en alguna de las familias que muestra Sex Education. Y hablo de algunas porque todas, TODAS, las familias de los jóvenes del instituto son distintas. O sea, es una serie que se permite hablar de familias diversas como algo normal, como lo que son, y lo deja pasar sin subrayarlo. En series donde se utilizaban las familias diferentes a las normativas (llámese mamá, papá e hijo/s) como la nota de color, y hasta llegaban a utilizarlo como chiste (la familia homoparental de Glee, por solo dar un ejemplo), Sex Education habla de esto sin hablar, naturalizandolo. Desde la familia con un padre ausente, hasta la familia integrada por dos madres, como la compuesta solo por hermanos, Sex Education se permite ser diversa hasta en la norma. Allí tenemos los modelos de familias típicas siendo distintas, con la familia de Adam – el chico malo del instituto – y, una vez más, la familia de Eric. La relación, y el personaje, del padre de Eric es brillante. Solo media docena de intervenciones de este hombre negro enorme hacen que uno desee abrazarlo, llevarlo a casa, una vez más adoptarlo.

Y es que esta es, tal vez, la única crítica que le puedo hacer a Sex Education. Y para esto me permito traer a la nota un tweet anónimo que rezaba “que suerte los adolescentes que se criaron viendo Sex Education, a mi me tocó crecer con Skins”. El mundo de Sex Education es un mundo ficticio, no existe esta realidad así como no existen los padres de Simon en Love, Simon. O por lo menos no son la norma. Pero es importante empezar a crearlos, mostrarlos, visibilizarlos. Pasamos años y años viendo el discurso de unos pocos para todos, es momento de ampliar los horizontes. Sex Education puede ser un poco edulcorada, pero es necesario militarla. Militar un mundo distinto en un mundo que es enorme, y en el podemos y debemos convivir todos y todas.

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