Como espectador – y como comentador, crítico, analizador, lo que sea – me siento en la necesidad de hablar de The Shape Of Water sin tocar el fenómeno y todo lo que circula en estos días a su alrededor. Aunque es casi imposible valerse sólo de las 2 horas de película y hablar de eso y nada más.

The Shape Of Water (en español La Forma Del Agua) llega con bombos y platillos. Es la nueva producción del mexicano Guillermo Del Toro, recordado por El Laberinto Del Fauno – ese film que robó 6 nominaciones al Oscar por el 2006 – y que es casi siempre asociado al género fantástico. Desde hace meses que vamos conociendo poco a poco detalles de la historia, y viendo los distintos trailers y spots. Todo indicaba que estábamos ante una nueva historia fantástica de Del Toro.

Baltimore. Elisa (Sally Hawkins) trabaja en un centro de investigación aeroespacial haciendo limpieza. Tiene el turno noche, y casi siempre llega sobre la hora. Su única amiga del trabajo, Zelda (Octavia Spencer) es quien sabe interpretarla, pues Elisa es muda pero no sorda (producto de un accidente que la película nunca termina de aclarar). Una noche, en 1962, limpiando uno de los espacios del centro de investigación, presencian la llegada de un ser extraño en cautiverio y todo un grupo de seguridad que lo acompaña, descubierto por USA y llevado allí para ser investigado y usado como herramienta en la Guerra Fría. Este ser llama rápidamente la atención de Elisa.

  • (IMDb)

La rutina de Elisa está siempre protagonizada por las mismas personas y los mismos hechos hasta la llegada de este ser a su trabajo. Pronto Elisa logra entrometerse en el espacio de ese ser, y mostrarle – o enseñarle – poco a poco ciertas cosas básicas, en su lenguaje de señas. Hasta que un día Strickland (Michael Shannon), el encargado de la seguridad y ‘adiestramiento’ de la criatura, recibe la orden de diseccionarlo para su investigación. Pronto Elisa desarrolla un plan con la ayuda de su único amigo y vecino Giles (Richard Jenkins) para extraerlo del lugar, y liberarlo.

Hasta aquí, si hay spoilers, es culpa del trailer. Un trailer que nos vende una película entretenida, distinta, con ritmo, pero al mismo tiempo con formas y elementos del cine clásico de antaño. Los problemas de la película empiezan cuando termina: ¿Qué es lo que acabamos de ver? Un film al que le sobra aproximadamente la mitad de su duración. ¿Por qué? Porque se detiene en cosas que tienen que ver con formas, estilos, y adornos netamente visuales y referenciales a ese cine clásico, y se olvida de la narrativa subestimando gravemente al espectador. Sentí en todo momento que Del Toro me estaba diciendo “mirá lo lindo que es esto” pero que no me estaba contando nada, o que me lo podía contar más rápido. Es una película excesivamente sobrecargada de elementos estilísticos y narrativos que no le suman nada al núcleo y lo interesante del cuento que es el personaje de Elisa y de la criatura. Incluso se concentró tanto en todos esos adornos que se olvidó de ponerle un nombre a ese ser que es el motor de todos los hechos, es decir que trata de humanizarlo en el relato pero nunca le da identidad.

Esta sobre-explicación de cosas está en la historia de Strickland y por qué su macabra fantasía con una muda, la historia de fondo del Dr. Hoffstetler (Michael Stuhlbarg) y su vínculo con los rusos, o la historia de Giles y su admiración por el camarero del bar. Son todas mini historias que están ahí para que entendamos algo, pero que no necesitábamos entenderlas. Más allá de si nos molestan o no todas esas historias satélites, están todos esos momentos y detalles que no suman ni enriquecen: la rutina de Elisa; la decepción de Giles; la extra que siempre se queja porque Zelda le guarda el lugar a Elisa; el hecho de que Giles y Elisa vivan arriba de un cine; el anhelo de Elisa por los zapatos rojos; el marido de Zelda; etc, etc, etc. Es decir un montón de cosas, cositas, y momentos, que no me dicen nada, o que me dicen de más. Para mi, The Shape Of Water es como un chiste explicado: el chiste no necesita ser explicado. Y si se explica es porque el autor me está subestimado, o porque el chiste en sí mismo no es efectivo para mi, como lo podría ser para otra persona. Entonces el film falla, no queriendo gustar a todos, sino por querer gustar de más. En definitiva el chiste funciona cuando mi mente trabaja para completar con lo no dicho, y aún así funciona, pequeña trampita de la comunicación. Pero si la falta es suplida, en el caso de este film, el margen para el disfrute queda totalmente desfigurado.