En la ficción de Hollywood hay casi tantos superhéroes como ideas. Que sean buenas ideas es otro tema, y últimamente esas son las que faltan en un género copado por dos grandes casas (Marvel y DC) que dominan en el entretenimiento, tanto en cine como en televisión. Con este panorama, invertir y proponer un paradigma distinto dentro del género es tan arriesgado que pocas empresas pueden hacerlo, siempre y cuando lo necesiten y tengan el presupuesto para ello. Frente al fracaso de la alianza Netflix/Marvel, con el lanzamiento de la plataforma Disney+, y con el próximo estreno de Watchmen en HBO, Amazon se adelantó y estrenó a fines de julio The Boys. Está basada en el cómic de Garth Ennis y Darick Robertson, y producida por Eric Kripke, Evan Goldberg (This is the end, The Interview, Preacher) y Seth Rogen (Steve Jobs, Neighbors, etc) entre otros.

Queen Maeve (Dominique McElligott) y Homelander (Antony Starr)

The Boys viene a ser una especie de distopía en el género aunque también puede ser considerada simplemente como una crítica y autocrítica al género. La historia parte de una realidad actual en donde los superpoderes los tienen unas pocas personas en el mundo, y los mejores responden a una empresa llamada Vought, conformando un equipo llamado Los Siete. Dicho equipo, liderado por Homelander (Antony Starr) y secundado por Queen Maeve (Dominique McElligott), está lleno de lugares oscuros en los que generalmente un personaje de este tipo no es colocado: violencia de género, abuso de poder, acoso, drogadicción, adictos al buzz de las redes sociales y enfermos por su imagen, secretos y mentiras sobre su vida privada en pos de la ‘imagen pública’, etc. Entonces la premisa es, ¿cómo es una historia en donde los superhéroes son corruptos o corrompidos por el dinero y el poder? ¿Cómo es un superhéroe que no tiene villanos a los que derrotar porque se invirtieron esos lugares? Es decir, naturalmente pensamos que un superhéroe es bueno, o mejor dicho hace un uso comunitario y socialmente bueno de su poder. Pero ésta realidad es distinta ya que si bien es de conocimiento público que ‘salvan vidas’, lo hacen generalmente coreografiados y con intenciones políticas que de fondo no son favorables para la comunidad.

Billy Butcher (Karl Urban), Frenchie (Tomer Capon), Mother’s Milk (Laz Alonso) y Hughie Campbell (Jack Quaid)

Nada de esto funcionaría si nos encontrásemos con personajes que no están bien armados, o intérpretes que no se meten en la piel de los mismos. Hasta los menos construidos y desarrollados de los personajes nos despiertan curiosidad o desprecio, como el padre de Hughie (Simon Pegg) o Black Noir, miembro de Los Siete que no es ni siquiera caricaturizado o desfigurado, y no sabemos qué rol tiene, o si es sólo un número más. Es difícil encontrar sólo un personaje principal o eje, que a simple vista podría tratarse de Homelander. Pero no perdemos nunca de vista la importancia de Hughie y de Starlight en el devenir de los hechos, como así tampoco la arrogancia de Billy Butcher, líder de The Boys, a quienes hace referencia el título. Porque claro, primero podemos pensar que The Boys habla de los superhéroes, pero en realidad habla de los antagonistas, que son los losers que quieren, atravesados por sus pérdidas y fracasos, desenmascarar la mentira que levantaron a Los Siete como los héroes nacionales.

Cada uno en The Boys (la serie, no el equipo de Billy y Hughie) tiene su gag, su meme, su motivación, y su arco -a excepción obvio de los personajes no desarrollados- pero lo destacable es que, presentando un escenario con una estructura distinta, una realidad nueva -que para el común de las historias de este género nos resulta distópica-, y conflictos aislados -que con el correr de los episodios se van encontrando-, la temporada está muy bien armada, es fluida en lo narrativo, y no pierde de vista nunca su función de entretenimiento. Es decir, que además de introducir una nueva historia, entretiene, y nos hace repensar el género desde otro lado, entonces rinde como producto y como narración. Sangrienta, con ideas refrescantes, ridiculizando un poco a otros personajes ‘clásicos’ (como Aquaman), proponiendo un juego de roles entre héroes y villanos, y cumpliendo aún así con algunos lugares comunes del género para no entrar en un desarrollo extenso de personajes y utilizar imaginarios ya presentados, The Boys es un gran momento de diversión visual y narrativa, con compromiso y conciencia del género en el que se mueve.