La mitad de la población en el mundo tiene una experiencia biológica natural durante la mayor parte de sus vidas, pero es algo de lo que no se habla abiertamente aún en la actualidad fuera de los ámbitos delineados para eso (como por ejemplo la medicina). Y esa experiencia es ícono y símbolo para reconocer la identidad y el género de esa población. De esto es de lo que quiere hablar Rayka Zehtabchi durante tan sólo 26 minutos en el cortometraje documental ‘Period. End of sentence.’ ganador del Oscar en su categoría el pasado 24 de febrero. “No estoy llorando porque esté en mi periodo. Estoy llorando porque no puedo creer que un film sobre la menstruación haya ganado un Oscar” decía Zehtabchi, cuando subió junto a Melissa Berton (productora) a recibir su reconocimiento frente a Hollywood, en uno de los momentos más emotivos -lejos de ser gracioso- que tuvo la noche.

El cortometraje documental está sponsoreado por ‘The Pad Project’ del cual Zehtabchi y Berton son parte, proyecto creado para recaudar fondos con el objeto de financiar la producción de toallas en países emergentes. La India, y un pueblo rural del interior cercano a Nueva Delhi fueron los elegidos para la misión y para además rodar esta historia que tranquilamente podría devenir en largometraje documental spin off en algunos años. Se encontraron ante la posibilidad de documentar esto en un film y el resultado es emocionante y conmovedor. The Pad Project comenzó a juntar dinero para dispositivos muy básicos y sencillos que iban a facilitar la producción de toallas, en un proceso tan simple como delicado que no tan sólo iba a significar una fuente de trabajo para el pueblo sino que también significó romper con paradigmas viejos que tienen que ver con la idea de menstruación como enfermedad o como problema, o que es sinónimo directo de maternidad. El proyecto se definía entre invertir en más dispositivos productivos, o en encarar un rodaje, y se decidieron acertadamente por el segundo, ya que tuvo un impacto enorme en visibilidad y por lo tanto inversiones. Fue fundado en California en 2012 en una preparatoria para recaudar esos fondos que  también tendría como objetivo educar a las mujeres sobre la menstruación y la higiene femenina.

Me resultó desgarrador, al menos para mi, para quien ésta era una realidad totalmente ajena e inimaginable, descubrir que existen jóvenes que comenzaron a menstruar y que al no tener un buen acceso a la higiene femenina se vieron condicionadas para continuar con sus estudios elementales y obligadas a abandonarlos por una cultura -no propia de la India sino global- que hostiga aún a uno de los procesos naturales más comunes y necesarios en un ser humano. Aún más impresionante es ver en el corto cómo se genera la sororidad -en un grupo social en donde esa palabra e idea son desconocidas-, a la hora de reconocerse como mujeres, como compañeras, y como trabajadoras al mismo tiempo.

Muchas de estas mujeres que empezaron a trabajar en el proyecto y a vender sus propios productos a otras mujeres, nunca antes habían tenido un trabajo, o habían trabajado en campos, pero sus ingresos los recibían directamente sus esposos o sus padres, y con The Pad Project este dinero comenzaron a percibirlo ellas directamente fruto de su trabajo y sus ventas. Parece que estuviésemos hablando de un pueblo olvidado y quedado en el tiempo, pero si consideramos que es un pueblo con conectividad a internet, con smartphones, cercano a una de las ciudades más pobladas del planeta y con disponibilidad de muchas otras tecnologías y canales de información – que según muchas personas son factores claves para avanzar hacia un mundo más informado y conectado y en el que las minorías pueden levantarse y salir a la luz – son otros los factores que promueven ésto y retrasan esos avances y que no están sólo en la India. Hay creencias tan antiguas y un sistema de salud tan precario, que más del 40% de las mujeres en ese país entre los 16 y los 24 años no tienen acceso a productos de higiene menstrual. Pero no son tan sólo los sistemas o la información sino también ideologías tan arraigadas que nadie cuestiona, y por las que nadie se ocupa y preocupa. Esto se refleja también en África, Medio Oriente y Latinoamérica. Entonces no es tan sólo un film sino toda una cuestión de género y de igualdad, que intentan eliminar los estigmas arraigados en países emergentes. Esto no quiere decir que  otros (países) aparentemente desarrollados como USA, tengan estos temas resueltos. Están tan o más atrasados que otros, ya que al mismo tiempo, y tal como destaca Berton, en el único momento en donde oímos a alguien hablar del período es sólo a ese hombre caricaturesco preocupado porque no sabe qué toalla comprar en una comedia romántica y se ve avergonzado por hacer esa compra públicamente. Entonces concientizar no tiene que ver sólo con mirar afuera y señalar a otras culturas, sino en ver qué hacemos desde cada uno de nuestros lugares con estas cuestiones de género que afectan directamente a quien tenemos al lado.

El film comienza con una pregunta simple: ¿Qué sabes de la menstruación? Lejos de responder a esa pregunta, la genialidad en este cortometraje tan potente es que nos la hace directamente a espectadores y espectadoras. La mitad no sabría cómo responderla, y gran parte de la otra mitad, respondería presa de prejuicios, estigmas y verguenza, cuando debería ser una respuesta llena de fuerza y de orgullo.