La enfermedad del domingo (2018) es una historia dolorosa pero exquisita, escrita y dirigida por Ramón Salazar, sobre una mujer que decide irrumpir en la vida de su madre 30 años después de que la abandonara.

Cuando se nos presenta Anabel (Susi Sánchez), vemos un envoltorio dorado y brillante que recubre una vida placentera y lujosa.

Anabel es anfitriona de una cena en su casa, y cuando todos los sirvientes se van, sólo una se queda. Ambas mujeres se miran fijamente en silencio. Finalmente la joven, Chiara (Bárbara Lennie), apoya un pedazo de papel arrugado sobre la mesa y se va.

Anabel y Chiara se reúnen. Descubrimos que Anabel es la madre de Chiara, abandonada cuando tenía apenas 8 años; y no se han visto desde entonces. La hija vuelve con una extraña y humilde petición: quiere que pasen 10 días juntas, ni uno más, ni uno menos.

Allí comienza la verdadera historia: superficialmente parece ser de castigo, de manipulación y de venganza. Pero en realidad, Chiara pretende crear adrede, en esos 10 preciados días, momentos que deberían haber pasado entre ellas, pero nunca sucedieron.

En una ocasión, Chiara se ensucia con barro a propósito y le pide a su madre que le enjuague el cabello con una manguera; así el momento creado es una madre lavando el cabello de su hija.

Una escena sin desperdicio tiene lugar cuando ambas recorren viejas diapositivas. En una de ellas, Anabel, embarazada de Chiara, aparece al lado de Chiara en su edad de ese momento. Anabel lo llama una “paradoja temporal”. Chiara le explica que es simplemente producto de un retoque de edición.

Pero una paradoja temporal es una muy acertada descripción de La enfermedad del domingo en su totalidad.

Las acciones ocultas de Chiara por comprimir 30 años de vida en tan sólo diez días es la máxima paradoja temporal entre una hija que creció sin su madre.

Finalmente nos enteramos del verdadero anhelo de Chiara cuando se acerca a su madre y le susurra algo al oído. No la oímos, pero luego lo vivimos con ellas en una escena que quiere y exitosamente logra representar una obra de arte viviente.

Mucho de esto está presente en la película obligando al espectador a confiar más en las señales visuales y en el lenguaje corporal, que en las escasas conversaciones, centrando la atención no solamente en lo que se dice, sino en lo que no se dice.

La enfermedad del domingo, última inmersión de Netflix en distribución internacional de películas de cine de autor, crea una experiencia con matices que nos recuerdan a Pedro Almodóvar y explora el vínculo madre-hija con el eco inconfundible y doloroso que surge de ese quiebre.