La llegada de una película como Joker a nuestras salas es recibida con una rara y atípica expectativa porque pone en jaque muchas cuestiones y sienta numerosas preguntas. Si bien nos anticiparon que no es una película perteneciente al género de cine de superhéroes sino más bien al drama, ¿cuál será el enfoque y cómo quedará dibujado el personaje? ¿Se despegará el guión de lo que ya conocemos del Guasón para contar otra historia? ¿Será fiel al personaje de DC Comics creado por Kane, Finger y Robinson? ¿Será una de las películas muy bien vendidas por su trailer pero un fiasco en la pantalla? Todas estas eran realidades posibles. Sin embargo se calmaron los miedos luego de confirmarse que la película participaría en competencia oficial de Venecia, y luego vino el resto… León de oro para el film, dos reconocimientos más en el mismo festival, un público benevolente y una prensa dividida, como no podía ser de otra manera.

Joaquin Phoenix, como Arthur Fleck, y Robert De Niro como Murray Franklin

Lo importante antes de ver Joker es saber que no nos encontraremos con acción, ni con villanos, ni con secuencias parecidas a las del género del comic. Había mucho temor a encontrarnos con un fracaso por lo que quizás bajamos la vara con la que la medimos, pero lo cierto es que incluso con la violencia gráfica, el histrionismo del personaje, y el desquicie de guión, Joker es una película que se siente en la piel, y que muchos disfrutan. Paralelismos, discursos, metáforas, y guiños hay cientos a lo largo de sus dos horas, por lo que podríamos hacer un dossier, pero nos vamos a concentrar sólo en algunos aspectos.

Sobre Ciudad Gótica

Ciudad Gótica es este estado ficticio que dependiendo de la época y de los guionistas, a veces está inspirada en Nueva York y a veces en Chicago. Pero más allá de la inspiración, Gotham City nunca tuvo un protagonismo tan marcado en otra película del universo DC, ya que en el film de Phillips no tan sólo es el escenario donde transcurre la locura, sino que es  la ciudad testigo y hasta cómplice del desquicie de todos los estratos sociales corruptos, tóxicos y totalmente deformes, desde los más empobrecidos hasta los grupos de temprana edad que socavan con bullying a cualquier persona. Gotham es el lugar en donde siempre está todo mal, y en donde no hay un horizonte. Y allí es donde nacen dos de los íconos de los traumas más crudos y oscuros: el murciélago y el payaso. Ambos, sociópatas con motivaciones distintas en un escenario que lo único que hace es ponerles piedras en sus caminos, al punto de generar entre ellos una simbiosis enferma que hace que se necesiten el uno al otro. Y hasta ahora siempre habíamos visto a Bruce Wayne en Gotham pero nunca a Arthur Fleck (el Joker de Joaquin Phoenix).

Sobre un Joker ¿construído o devenido?

Ciudad Gótica -si la entendemos en adelante como “la sociedad” que provoca la locura en sus habitantes con una dinámica corrupta, viciosa y circular- además nos muestra un aparato con el que nos cuestionamos qué responsabilidad tiene ella sobre el origen del Joker -y de Batman. La película es provocadora con la idea que muchas otras -tanto en la ficción como en el documental- tocan sobre si el criminal nace, o si se hace. No sienta una declaración, sino que se nutre de eso para justificar la creación del personaje y su arco de decisiones a lo largo de su historia. Explora a Arthur en una ciudad dominada por el caos, y cómo se sumerge él en esa dinámica que está pensada para la sociopatía y es el motivo por el cual los dos están situados narrativamente ahí. Y lo hace de una manera sutil e inteligente, no tan subrayada ni explícita, y no se pasa de la línea de lo poético, porque la película se sabe criminal. Y ahí llegamos al tercer aspecto.

¿Es un film sobre la humanización de un villano?

Joker está llena de momentos totalmente anticlimáticos y de personajes sumamente antipáticos. Si bien es un film muy personalista en donde casi nunca perdemos de foco a Arthur Fleck, el resto de los personajes que están puestos en escena tienen un objetivo claro y preciso para justificar el arco ¿emocional? de Arthur. Vemos con el correr de cada secuencia a un lamentable, penoso y miserable protagonista, bueno para nada, con un desequilibrio peligroso y con las condiciones sociales (un entorno social ciego que evita encontrarse con su enfermedad) dadas para que desborde, estalle, y derrame violencia. ¿Es eso justificar un acto delictivo o humanizar a un criminal? No. Se trata de entender su psiquis, y de aproximarse a esos umbrales emocionales que fueron destruídos en él (por él mismo, por alguien, o por algo) y que lo llevaron a la locura. Pero sobre todo, se trata de ver cómo pueden recuperarse esos umbrales. Y ese creo que es el meollo de esta cuestión Joker-Batman-Gotham: una autocrítica y reclamo hacia las sociedades y sus políticas, cuando a los sectores de poder esto no les interesa. ¿Qué sucede? El Caos.

Increíble trabajo de fotografía de Lawrence Sher

Saliendo de la lectura y el análisis Joker es una película que, si bien es violenta (aunque nada que no hayamos visto antes), incómoda y desconcertante, es también extrañamente una película con un gran atractivo poético-visual, con una excelente sinergia narrativa-discursiva-musical, y con algunas escenas de más que están solamente para hacer un guiño al futuro del personaje y a cómo está vinculado con su otra cara de la moneda (Batman). Una película de este tipo necesita ser ‘linda’ en la imaginería no tan sólo porque necesite entrar por algún lado, sino porque tiene que ver con lo provocadora que pretende ser: un gran problema, por tristes motivos, con un desarrollo deforme y un final amargo.

Joker es otra de las películas que no sabíamos que necesitábamos y que -por suerte- no se encuadran en el esquema de películas de comic o del universo de superhéroes y villanos. Pero también es cierto que es la película que puede ser así, porque necesitaba otro registro y porque tiene un personaje que amerita análisis, en todas sus formas.