Antes de Wonder Woman (en cine) existió Jessica Jones. Aunque esta afirmación no es tan cierta por que la serie original de la Mujer Maravilla data de 1975, lo cierto es que en esta nueva época de mujeres empoderadas el personaje de Marvel Jessica Jones hizo su aparición en el año 2015, un par de años antes que la llegada al cine de Gal Gadot vistiendo el traje maravilloso.

¿Y toda esta introducción para qué? Para hablar de un fenómeno que si bien comenzó hace bastante, en los últimos años ha tomado una dimensión cada vez mayor, y parece no tener fin. Las mujeres son poderosas, siempre lo fueron, pero ahora están saliendo del closet. En este marco las primeras superheroinas femeninas en llegar a la masividad han sido la Mujer Maravilla en el Universo DC – y en cine – y Jessica Jones en Marvel Universe, esta última en formato televisivo. ¿Y por qué es importante Jessica Jones? Por numerosos motivos, y para hacerla más didáctica si se quiere, esta nota/crítica voy a separarla en dos: una primera parte para hablar del producto en sí – Jessica Jones la serie – y otra para hablar de su segunda temporada.

Jessica Jones, – en adelante JJ – es importante, entre varios motivos, porque es imperfecta. Porque es traumada. Porque es alcohólica. Estos traumas, tal vez sobreexplicados en la serie, hacen que el personaje sea más humano que, por ejemplo, su colega Mujer Maravilla. JJ es un personaje más humano, en parte porque sus superpoderes – fuerza sobrenatural – fueron adquiridos fruto de experimentos ilegales realizados cuando era niña, lo que habla de un personaje humano – no un medio dios o un alien -, que ha tenido un pasado sin superpoderes, que tiene recuerdos de ese pasado, y al que su cambio sobrenatural le trajo más problemas que beneficios. Pero también JJ es importante porque no usa un traje, ni una máscara. JJ se esconde como un ser humano. Con una adicción como el alcoholismo o con una incapacidad para relacionarse, pero no usa una capa o un antifaz para hacer justicia. JJ es más humana, no quiere esconderse, su único disfraz es una chaqueta de símil cuero. Pero tal vez el motivo más importante de todos por el mensaje que da, es que amén del superpoder de su fuerza extraordinaria, su mayor capacidad, no le viene de arriba. JJ es un detective, tiene capacidades deductivas, facilidad para investigar, sabe pensar. JJ es importante porque no se esconde detrás de una capa, porque es capaz de crear su propio superpoder, y por qué tiene los problemas que cualquier ser humano puede tener. Esto lo hace un personaje bastante más cercano, mas empático, para un simple mortal.

Ya lejos del personaje en sí, para hablar de la segunda temporada es necesario retomar la primera. En líneas generales JJ – la serie – fue toda una sorpresa por que hablaba, cuando hablaba de superpoderes, de otra cosa. En su primera temporada se atrevía a hablar de violencia de genero. De violencia de genero psicológica hacia una mujer superpoderosa. Un tema vigente, de todos los días. La primera temporada fue excelente. De una brillantez pocas veces vista – y única en el Universo Marvel Netflix – y difícil de ser superada. Tan difícil que no es superada por esta segunda temporada. Una temporada que con numerosos aciertos, pero no menos fallas, que sale airosa principalmente por que decide tomar riesgos para distanciarse de aquello que la hizo única. Aquí hablamos de una temporada de una serie de superhéroes en la que casi no hay villanos, cuando en la anterior era uno de sus principales atractivos (un villano omnipresente desde el capítulo uno, con uno de los mejores superpoderes jamás creados, lleno de matices y completamente desagradable). La segunda temporada de JJ casi no tiene villanos. Juega a ese juego que le encanta jugar al universo de las series de Netflix de engañar con el villano principal (ahí están Dardevil, Luke Cage, The Defenders) pero lo lleva al extremo porque lo hace sin tomar partido por nadie. Aquí no se sabe quién es el malo, si es que hay un malo.

Tampoco deja de hablar de su principal tema, mujeres con super poderes de todos los días, y tirar frases feministas todo el tiempo, frases como “este tipo respiraba todo el aire a tu alrededor y no te dejaba espacio” o “un hombre sometiendo a una mujer poderosa, algo que nunca hemos visto” pero pasa a un segundo plano para ahondar en las motivaciones y el pasado de JJ. Lo hace durante toda la temporada, pero principalmente en el mejor de sus capítulos, el número siete. Allí conocemos, por ejemplo, el origen de la chaqueta de cuero característica de Jessica o del nombre de la agencia de detectives en donde trabaja, y conocemos el motivo del nacimiento del mejor personaje de esta temporada, Alisa. Hablar de este personaje sería un spoiler demasiado grande. Sin embargo no se puede reseñar la temporada sin hablar del personaje interpretado – de manera brillante – por Janet McTeer. Esta actriz británica tiene entre sus logros haber estado nominada a dos Oscar y tener en su vitrina numerosos premios, no obstante no es una cara conocida. A un cinéfilo y/o seriefilo le puede sonar su rostro, pero no lo suficiente para descubrir sus tips (cosa que si pasaba con Sigourney Weaver en The Defenders, por ejemplo), lo que favorece la creación de un personaje complejo, que lleva la trama principal de la serie a sus hombros, y que roza la perfección.

Sin embargo los altibajos están, y como dije antes, tal vez en sus riesgos. La ausencia de un villano puede ser tan perjudicial como un mal villano, si el guion no se esmera lo suficiente. Y acá el guion falla en sus tramas secundarias. La historia del interés romántico de JJ, la de su hermana Trish, y hasta el de uno de los mejores personajes de la serie, y el único masculino con una cierta continuidad, su vecino y socio Malcolm, no logran estar a la altura de JJ ni de Alisa, lo que convierte a la temporada en algo irregular y por momentos intrascendente. Fallas estas que es más fácil que existan en temporadas que para los tiempos que corren – con tanta competencia y tanto para ver – se están tornando demasiado largas en sus trece capítulos.

De todas maneras agradecemos el espacio para una superhéroe femenina que sin capa ni espada, y a cara lavada, se atreve a hacerle frente a los demonios del día de hoy, que si se esconden en máscaras y caretas. Hasta la próxima Jessica.