Las series nos acompañan. Al igual que el cine, pero de una forma diferente. Mientras hay películas que nos pueden marcar para siempre, ser como un tatuaje en un cuerpo que crece, que se hace grande, las series tienen la facultad de acompañarnos, además, en un espacio de tiempo. Ya sea en una maratón de unos días, o a lo largo de varios meses si hablamos de una temporada, o de años si nos extendemos a la suma de ellas, las series pueden crecer junto a nosotros.

Insecure crece, con cada temporada. Ya no es la serie que bebía de varias otras series, y cuya nota sobre la primera temporada se puede leer aquí (Sebas: podes linkear con la nota de la primera temporada?), sino que cada año perfecciona una voz que es propia. Aquella propuesta de la joven afroamericana que buscaba su lugar en una Los Ángeles negra, afina su voz. Una voz que, seamos sinceros, siempre tuvo, desde el espejo – de ese piloto – en el baño en el que Issa – su protagonista y creadora – se animaba a cantar. ¿Y qué es lo que hace para crecer? Avanza. Cuando podría haberse ido para los costados y contado la historia de, por ejemplo, sus amigas o un reparto más coral, Issa hace crecer a Issa. Sigue siendo la joven insegura de los peinados raros, porque a fin de cuentas no todos cambiamos radicalmente en la vida, pero hace crecer a su personaje. Donde en la primera temporada contaba el fin de una relación, la consolidación de un trabajo que no la hacía feliz, el devenir de una amistad de esas que se saben eternas; en la segunda temporada Issa se dedicó a explorar el duelo, el duelo de volver a estar sola, de vivir en un trabajo que la consume y de la imposibilidad de abandonarlo, en el duelo de sus sueños; y en esta tercera temporada Issa respira. Respira como respiran las personas que nunca dejan de flotar: cambia, intenta otro estilo, sale con nuevos chicos, le da una oportunidad a algún ex, renuncia de trabajo o se sube a un auto de una aplicación similar a Uber para lograr llegar a su casa propia. Sueña. Sueña con empezar a ser aquella que imaginó.

Y eso es como crecer. Como crecer con una serie. Allí estarán aquellos que nos definen, de fondo, a veces fuera de escena – como la familia de Issa, que nunca aparece más que en una llamada perdida o la referencia de una amiga – para acompañarnos en el proceso de aprender a vivir, o hacernos adultos. Allí esta Molly. Molly, su mejor amiga y coprotagonista, nos habla de Issa más que Issa. Por que ¿quien define que sus amigos para definir a una persona? Las personas que uno elige para compartir sus secretos, hacerlos cómplices de sus errores, acompañarlos al cine. Molly habla de Issa en esta temporada más que nadie. La cuida, toma decisiones por ella – directamente o indirectamente -, se equivoca en pos de su amiga, y también avanza. De esto se trata Insecure, de un crecimiento constante.

Mucho se le recriminó a Girls – esa serie también de HBO que hablaba de cuatro amigas viviendo en la gran manzana – una cierta desidia de una juventud que no se atreve a hacer nada, y espera que la vida se solucione por sí sola. Rayando la tercera temporada Girls bajó notablemente la calidad porque los peces en la pecera habían dejado de crecer, y Manhattan les comenzó a quedar chica. Si bien se redimió en su temporada final con capítulos excelentes, Girls es un ejemplo de lo que le puede pasar a una serie si estanca a sus personajes. Insecure hace lo contrario en esta temporada en la que juega a otro juego, y se mete más adentro. A fin de cuentas, qué mejor manera tenemos de crecer sino es mirando en nuestro interior.

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