A veces en las carteleras de los cines ocurren milagros. Y a veces también dentro de las salas. Uno de esos ocurrió hace apenas dos semanas, a fines de marzo, cuando en Argentina, tanto en Buenos Aires como en varios complejos y salas del interior del país, se estrenó El Insulto. ¿Qué es El Insulto? Es un film libanés, coproducido por Francia y Bélgica entre otros países, que tuvo su lanzamiento en Venecia 2017 donde ganó como mejor actor uno de sus protagonistas, Kamel El Basha. Luego este film llegó a estar nominado al Óscar como película extranjera. El Insulto es el cuarto largometraje del libanés Ziad Doueiri.

Pero realmente, ¿qué es El Insulto? Sin ánimos de inflar un título generando grandes expectativas sobre él, sin tratar de hacer esa lectura que van ‘tan allá’ que se aleja de la historia, y tratando de aislarla de campos competitivos, El insulto es un romance entre las culturas y los lenguajes.

¿De qué va El Insulto?

Doueiri nos sitúa en Beirut, y nos introduce en el contexto del partido político abanderado del  cristianismo. En ese partido conocemos a Tony, religioso militante y político. Tony reside y trabaja en un barrio con obras en construcción alrededor, que tienen como obreros principalmente a palestinos ilegales. Tony tiene mal situado un desagüe que molesta a una de las obras en las que trabaja Yasser, palestino y capataz en su trabajo. Luego de Yasser pedirle que arregle el desagüe y Tony negarse, Yasser se toma el atrevimiento de arreglarlo por él, a lo que Tony reacciona negativamente destruyendo la modificación del desagüe. ‘Maldito idiota’ es la respuesta de Yasser frente a la reacción de Tony.

Esa simple expresión compuesta de dos palabras que en nuestro español puede parecernos infantil e insignificante, se convierte en el puntapié de toda una serie de idas y vueltas entre Tony y Yasser, intervenido por uno que otro puñetazo, y que trasciende familias y contextos para llegar a tribunales y cobrar una dimensión legal con repercusiones políticas y mediáticas, movilizando a ambos grupos sociales a manifestarse en las calles. Es esa expresión la que demuestra que valor semántico de las palabras, no tan sólo ha cambiado sino que incluso para algunos ha perdido sentido. Algo tan importante como la palabra y su uso, nos demuestra una vez más que sólo nos queda el lenguaje, y que és él antes que la religión y el dinero quien nos puede llevar más allá.

Doueiri ilustra con un pulso y tensión creciente lo que un simple insulto y un simple golpe, pueden provocar no tan sólo en un contexto como el de Medio Oriente, sino también en cualquier sociedad que tiene como convivientes a personas con ideas y sensibilidades tan extremas como distintas. El Insulto deviene en una historia sobre el huevo y la gallina, en un problema que es un océano – por la inmensidad de los factores que lo componen – de 1 centímetro de profundidad, pero que no por eso deja de ser un océano, y que no por el centímetro deja de ser profundo.

El Insulto pone en escena el encuentro y choque de idiosincrasias, modos, conciencias, raíces e identidades que tal vez nunca lleguen a tolerarse, a congeniar, ni a convivir en paz, hasta que la misma simpleza y el valor intrínseco de un gesto o una palabra le devuelva el sentido original y semántico a eso que tenemos allí en el lenguaje.

¿Pero por qué el plural en las culturas y los lenguajes? Tal vez porque existen tantos como grupos sociales, situaciones e historias. ¿Y por qué un romance? Tal vez porque tiene lo que casi todos los romances tienen: idas, vueltas, nudos, tribunas, climax, mediaciones, finales, etc. El Insulto fue un milagro al llegar a los circuitos comerciales (24 salas en todo el país), y además fue un milagro ver una sala de un complejo comercial con más de 10 personas en una función de la tarde de una película libanesa, cosas que en una ciudad como Mendoza no sucede. Lo que también es un milagro dada la realidad del mercado y de la demanda de los públicos, es que Distribution Company, la distribuidora responsable de traernos el título a las salas argentinas, haya llegado hasta el 2018. Lamentamos su cierre, este es uno de esos cambios en el mercado y en el público que no celebramos, y despedimos así a una compañía que acompañó a realizadores argentinos y a títulos extranjeros que no hubiesen llegado de otra manera.