¿Cuánto tiempo se necesita para contar una historia? ¿Son acaso las diez temporadas que quería George RR Martin suficientes para desarrollar un “arco narrativo”? ¿Bastan 7 minutos de una serie antológica como Love, Death & Robots? ¿Son tres horas “suficientes” para cerrar una historia que se viene desarrollando durante veintidós películas creando un universo? Las respuestas a estas preguntas no serán más que respuestas discutibles. En ficción todo es relativo. Aunque yo elijo tener mi propia respuesta: el tiempo necesario para contar una historia es aquel justo para contar la historia que se quiere narrar. Si, parece un trabalenguas, o un sinsentido, pero no es así.

El 19 de abril de 1989 una corredora es brutalmente atacada en el Central Park, víctima de fuertes golpes, es abandonada luego de ser sometida a una violación. Esta joven sobrevivirá, pero tendrá lesiones que la acompañaran de por vida, nunca volverá a caminar ni a hablar de la misma manera. Como consecuencia de una redada, esa misma noche, la policía detiene a varios jóvenes que se encontraban en las inmediaciones del hecho del brutal ataque. Jóvenes en su mayoría afroamericanos y latinos. Cinco de ellos son los protagonistas de una de las historias judiciales más famosas y controversiales del país del norte: los cinco del Central Park. Cinco jóvenes, de entre catorce y dieciséis años, desconocidos entre sí, que estuvieron en el lugar y tiempo equivocados, y que luego de un largo interrogatorio, fueron privados de su libertad.

Ava DuVernay elige contar esta historia en cuatro capítulos de duración variable, pero que oscilan entre la hora y la hora y media. Es este el tiempo que esta directora considera necesario para contar una historia que tiene como protagonistas principales a estos cinco jóvenes pero también a su familias, sus amigos, los policías que participaron de la detención y el interrogatorio, la fiscal que lleva el caso y los que los acusan, los abogados defensores, la sociedad, y hasta Donald Trump, que con un cameo real – desgraciadamente – es protagonista de una de las escenas de la miniserie solicitando la pena de muerte para los cinco jóvenes.  ¿Y es este el tiempo suficiente para una historia que podría haberse contado en una película, o en una serie de diez capítulos? No lo sé. Lo que si se es que es el tiempo necesario si se tiene la pericia necesaria para saber que se quiere mostrar, y ser implacable en hacerlo.

Y DuVernay logra en seis horas dejarte devastado. Aunque esta sensación aparece desde el capítulo uno, la serie gana en intensidad, logra bajar la vara en el tercer capítulo otorgando una mísera concesión a un posible final feliz, para descargar el peso de la injusticia en un capítulo final con un protagonista absoluto (Jharrel Jerome, carne de premios y madera de estrella) que condensa en una hora y media agónica toda la intensidad contenida en los capítulos anteriores. Y es que como una de las “villanas” de la miniserie le dice a un colega, “esto ya no se trata de justicia, se trata de política, y en la política se trata de sobrevivir, y no hay nada justo en sobrevivir”.

Critica al sistema carcelario americano, como ya lo había demostrado en Enmienda XIII, Ava DuVarnay intenta contar en Así nos ven una historia basada en hechos reales, plagada de golpes de efecto pero sin concesiones, que utilizando una narrativa propia de las historias de ficción (montaje paralelo, historias corales, saltos en el tiempo, elipsis) documenta lo que un documental tal vez no hubiera sido capaz de hacer, la vida real apesta, y la ficción muchas veces tiene la obligación de refregárnoslo en la cara.