Más allá (y más acá) de las cuestiones de gustos sobre las que no podemos discutir, básicamente porque es personal, me gusta analizar e indagar sobre las distintas lecturas, observaciones e ideas que tenemos sobre el devenir de las historias y sus personajes en las series y en el cine, y sobre las intenciones y las motivaciones de los desarrolladores.

Game of Thrones se convirtió en un dragón gigante tan imposible de controlar como Drogon, y teniendo en cuenta eso, me parece que no podemos preocuparnos por convencernos de las distintas valoraciones e ideas que tenemos sobre la historia, los personajes y sus finales. Me parece utópico y hasta absurdo. Es una ecuación tan básica como “hay cosas que a vos te gustan, que a mi no” y en esa diferencia no tenemos por qué menospreciar la valoración de la otra persona. Por más sencilla y básica que parezca esa aclaración parece necesaria en un contexto de lovers y haters.

Algo que siempre supimos y que GRRM lo mencionó hasta el hartazgo, así como los creadores de la serie e incluso los intérpretes, es que el final de la historia es un final agridulce. Acá tenemos que poner por primera vez el freno y pensar qué significa eso: indudablemente es un sabor del que no te vas a olvidar. Entonces si nos ponemos a analizar los destinos a los que llegaron cada uno de los personajes y cuáles son los cierres de cada historia (porque son muchas que terminan componiendo una sola gran historia), hay tal vez más finales agrios que dulces. Entonces el que este final haya provocado más disgustos que festejos no es un desacierto, o lo era pero nunca nos engañó.

A mi, además de agridulce me pareció triste y desgarrador el final de varios personajes, con pasajes poéticos y oníricos que son muy redondos pero que a su vez no están bien desarrollados en el tiempo. Entonces esto es parte de lo que me genera cierta bipolaridad y un día amo y no tan al día siguiente odio. GRRM mencionó también varias veces que se le escapó un poco de las manos la escritura. Su plan inicial era de 4 grandes tomos, y justo en el libro 4 es donde decide en lugar de hacer saltos temporales grandes, explicar el universo de cada historia y cada personaje, donde se extiende de más todo este entramado de historias. Y como la serie hasta la 4ta temporada venía manteniendo un paralelo con los libros (no podemos decir que es un paralelismo idéntico y calcado porque entramos otra vez en la discusión también absurda de las adaptaciones y las diferencias, en la quinta temporada es en donde comienza a bifurcarse todo, y los showrunners se ven obligados a tomar ciertas decisiones narrativas, siempre obviamente asesorados por el autor original. Y es ahí donde comienzan a verse los hilos sueltos.

Sobre los últimos 13 capítulos.

Con respecto a las dos últimas temporadas de GOT, podríamos hacer la analogía con una suerte de camino narrativo, en el que por no dejar huecos o pozos, se fue dejando un camino tan desnivelado por el que no es del todo armonioso transitar. Pero los pozos con ese desnivel terminan formándose igual. Y acá obviamente podemos poner como principales ejemplos (o víctimas) a 4 de los 7 personajes principales más amados y odiados al mismo tiempo que son Jaime y Cersei Lannister, Jon Snow y Daenerys Targaryen (Arya, Sansa y Tyrion tuvieron mejores desarrollos). Si vemos los últimos 13 capítulos (las últimas dos temporadas) podemos darnos cuenta que son personajes a los que les hacen falta episodios enteros que desarrollen sus emociones y que justifiquen la toma de decisiones en cada uno de ellos. ¿Subestimación? No, pero es el ritmo “natural” (?) que la serie tenía hasta ese momento. En el apuro por llegar al destino que tenían como objetivo, los personajes transitaron un camino que los hizo llegar desdibujados y maltratados, y fueron generándose esos huecos narrativos que nada tienen que ver con la sobreestimación de los espectadores sino con manosear indebidamente a los personajes, sus tiempos y sus contextos.

Y es muy común atribuir esto a una falta de base literaria a la que se enfrentaron los showrunners (creadores), pero estaríamos cayendo en esa tibia e innecesaria comparación que tanto carece de fundamentos, que es la de literatura vs narración audiovisual. Y si de algo estoy convencido es del hecho de que los showrunners son otro tipo de narradores, narradores que, en el último tramo de este camino se vieron concentrados en hacer culminar una historia en lugar de hacer un desarrollo lento y periódico de los personajes, plagado de explicaciones y diálogos brillantes como los de antes. “Pero Sebas, es que la historia ES el desarrollo de los personajes, y por ende ES lo más importante”. Y a eso debo responder (desde mi punto de vista) que NO, NO creo que en este caso sea así porque entiendo a la historia como un todo tan complejo, profundo, místico y atemporal, que, por un lado, tenemos que recordar todo lo que sucedió desde el punto de partida de estos personajes y todo aquello que el autor tiene pensado a futuro para ellos. Y por otro lado tenemos que recordar la presencia de factores anti-climáticos, distópicos, mágicos y fantasiosos que estuvieron siempre irrumpiendo en distintos momentos de los rumbos de los personajes, muchos de los cuales son hitos sin explicaciones, como la presencia de los White Walkers, brujas, hechiceras y rituales, el cuervo de 3 ojos, los dragones, los hombres sin rostro, y todas estas entidades que no son más que obstáculos que van haciendo que todo ese entramado de distintos caminos por los que atraviesa cada personaje, se transforme en una historia distinta a la que hubiese sido en caso de no haber existido dicho obstáculo.

Entonces no se trata sólo del desarrollo o las decisiones de un personaje. Es decir, si sólo lo importante hubiese sido el desarrollo de un personaje, hubiésemos asistido a un drama medieval en un mundo desconocido sin contexto previo y bastante chato, pero lo que estuvimos viendo y leyendo en estos últimos años es una larga historia fantástica, de ciencia ficción, con magia, y con un drama tremendo entre distintas familias, herencias,  tramas políticas, un trono de hierro y 3 dragones. Entonces la historia, no es sólo la historia de los personajes, sino también la de sus contextos gigantescos en los que sus decisiones a veces se diluyen. ¿O no festejamos acaso el estallido gélido del Night King cuando nunca entendimos qué motivos tenía para querer borrar la memoria de la humanidad? ¿No es acaso eso más cuestionable?

¿A dónde quiero llegar? A que lo importante en este caso si es la historia por sobre sus personajes. Esa historia que los atraviesa.

Siempre nos contaron historias con finales felices en donde los héroes son carismáticos, tienen victorias y derrotas, son vencedores y [casi] siempre tienen por destino ser líderes. Y en donde los villanos o antagonistas mueren en manos de la justicia del héroe. Y en esta oportunidad (particularmente en el relato de Weiss & Benioff) es la historia la que elige una cabeza. Una cabeza en el sentido más literal de la palabra, que prefiere la memoria para guiar el futuro de un pueblo. Es literalmente una historia que a partir de ahora quiere ser trazada con la memoria y no con la sangre de la espada. Call me romantic, pero no creo estar sobreestimando la intención de los guionistas.

Es una historia que tiene un sabor agrio, o amargo, que no es amable en la boca, y que como si fuera poco, es una historia de derrotas en vez de victorias, una historia contada por los perdedores y víctimas y no por ganadores y villanos. Y, si no es esa la historia de Westeros, ¿entonces cuál es? ¿La de héroes poco carismáticos que se equivocan una y otra vez? Esa tampoco era la historia que nos iba a terminar convenciendo. No merecía un personaje como el de Jon Snow un trono que nunca quiso y para el que nunca se preparó. Tampoco lo merecía una heredera que en su afán de derrocar a una tirana se convirtió en una más. Y no estaban dadas las condiciones políticas lo suficientemente maduras en Westeros como para instaurar de un día para el otro una nueva forma de gobierno representativa y “liberadora”.

Sobre el final en el contexto.

Es casi imposible que estemos del todo conformes con los vaivenes políticos, con cómo afecta eso al pueblo, y con cómo van tejiéndose al mismo tiempo los arcos de los personajes que van protagonizando esa historia política. Entonces me parece muy normal la disconformidad, pero ahí es donde entra el análisis, justamente para tratar de dilucidar que tal vez estamos disconformes con cosas más trascendentales que con dos escritores o con la cantidad de capítulos. Casi siempre vamos a estar disconformes con quién se sienta en el trono, quién decide la historia, y cómo eso define las vidas de las personas, porque no nos gusta que otros tracen nuestros caminos, o bien que los llenen de obstáculos. ¿Estoy hablando de la ficción o de la realidad?

Weiss y Benioff están lejos de ser los peores escritores. Que no hayan escrito como a una persona le gusta, es otra cosa. Que hayan manoseado los tiempos de los personajes, eso es un problema, sin dudas. Tal vez el problema lo tienen como guionistas, pero eso no quiere decir que sean los peores. Son narradores audiovisuales en un discurso distinto. No supieron manejar bien el tiempo de cada personaje, nadie lo discute, y tal vez se guiaron por una decisión más histórica y comercial pasando por encima de lo demás. Pero dos malos escritores no nos mantienen atados a la pantalla durante más de 9 años, mucho menos si fuesen ‘los peores’. Creo que el final no debe ni puede empañar todo el camino recorrido. Ellos también son lectores y espectadores.

No deja de haber también un dejo de lógica política en cada espectador que actualmente es votante antes que espectador, y se encuentra con la capacidad de subir y bajar fatalmente el pulgar. Es normal que el público esté dividido. Pero de lo que tenemos que ser conscientes es del lugar que estamos ocupando frente a la idea. Antes de exigir que nos cuenten otra historia, lo que debemos hacer es, o dejar de leer esa historia que no es la que queremos, o escribir la nuestra. Tanto en la ficción como en la realidad.