Alex Strangelove, de Craig Johnson

De las películas simples se puede hablar poco, pero a mi me gusta – como a todos en ficciones – no hacerla tan corta y hablar un poco más, tanto de lo que presenta en sí la película como lo que hay por delante y por detrás de ella. Y Alex Stragelove es una de esas películas simples, que tiene mucho por delante y mucho por detrás.

Antes de hablar de todo eso, hablamos del film en sí: Craig Johnson escribe la historia de Alex Truelove (Daniel Doheny), un adolescente que está por salir de la preparatoria y planifica dejar atrás su virginidad con su novia Claire (Madeleine Weinstein). En una fiesta conoce a Elliot (Antonio Marziale) y comienza con él una amistad que lo moviliza, desacomodando y reacomodando ideas que Alex antes no se había cuestionado, como la bisexualidad o la homosexualidad.

Alex Strangelove es ante todo una comedia dramática de corte adolescente, cómica por momentos, con un gran foco puesto en el personaje principal, pero que nunca descuida el desarrollo de la coprotagonista, Claire. Con actuaciones cuestionables, sin duda quien se roba nuestros corazones es Claire, tanto por la actriz que interpreta como por las características del personaje, que es tan novia como amiga y compañera de Alex.

Hay algo que en la construcción del personaje –y en la interpretación- están muy bien, que es el hecho de que no vemos a Alex como un adolescente con su sexualidad a flor de piel, y que esa planificación para dejar atrás la virginidad con su novia le cuesta, independientemente del descubrimiento de su homosexualidad. De hecho en la charla con sus amigos, él se da cuenta que ve como normal no haber tenido relaciones aún con su novia, y sus amigos que sí están caracterizados como esos adolescentes que sólo piensan en el sexo ven algo raro en el hecho de que Alex sea virgen teniendo novia a esa edad. Luego de eso viene la (rara) planificación de la ‘primera vez’ y antes de que esa vez llegue es cuando comienza el planteo en su cabeza de su sexualidad. De todas maneras esta linealidad en los hechos no es tan dura y cada espectador puede entender cosas distintas, aunque no haya mucho margen a dudas o a segundas lecturas.

Y para empezar a hablar de todo lo que hay antes y después de este film, podríamos remitirnos a todas las películas –por suerte cada vez más- que son consideradas de temática gay (es decir con una historia/personaje gay) más próximas, y hay una referencia inmediata: Love, Simon. En Love, Simon el planteo es distinto, ya que Simon siempre lo supo. Podríamos decir que Alex se cae del closet mientras que Simon abre la puerta para salir. Mientras Love, Simon es un poco más dramática y construye un cuadro familiar y desarrolla muchos más personajes, poniéndolos en el contexto para la salida del closet de Simon y todo el drama que eso supone para el personaje y su alrededor, Alex Strangelove sólo pone la cámara en Alex, desviándola de a ratos hacia Claire y hacia Elliot, y hace que casi todo el entorno del personaje sean ellos 2, restándole mucha importancia a los amigos y a la familia de Alex. Sin ánimos de comparar sino más bien de poner en paralelo dos películas parecidas, quiero decir que lo bueno de éste film es que no intenta ser mucho más de lo que es, sino que es un film simple, sin grandes pretensiones, y que apunta a un público específico.

Y si Alex Strangelove no intenta ser Love, Simon, entenderemos que tampoco intenta ser Call me by your name, ni intenta ser Beach Rats, ni Moonlight ni ninguna de las –de nuevo, por suerte muchas- películas de temática gay que estamos viendo en los últimos años. Todos estos son films, que si bien comparten una temática, no son comparables entre sí porque tienen géneros, registros y desarrollos abismalmente distintos. Podemos gustar más de algunos que de otros, podemos considerar a algunos de ellos como ‘comerciales’ o ‘mainstream’ y a otros más de arte o de autor. Pero tenemos también que reconocer las intenciones que tiene una película como esta que, de nuevo, no intenta ser Moonlight, sino ser otra en sí misma. Y hay que ver si en su pequeñez –ya que no salió de ningún festival ni llegará a ninguna ceremonia de premios- logra ser lo que se propuso ser, o no.

Hace 20 años atrás esta película, y todas las otras mencionadas, tal vez no hubiesen sido bien recibidas por la soltura con la que habla Alex Strangelove de la confusión y posterior salida del closet, o por el cuadro familiar que arma Love, Simon para contextualizar el drama del personaje y el coming of age. Celebro que hoy estas películas sean moneda corriente y que existan cada vez más relatos distintos y que -sorteando los problemas de aceptación y tolerancia que aún hay- hayamos llegado a un momento en muchas culturas y sociedades en donde podamos explorar ciertos horizontes con estas historias, y que estos personajes no sean exclusivos del melodrama profundo ni del nicho ultra reducido de público al que llegan, sino que sean mucho más grandes, visibles y accesibles.

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