Wind River, de Taylor Sheridan

Estados Unidos es una fábrica de historias violentas, pero fuera de la pantalla. También es el escenario donde cada una de estas historias tiene un lugar para ser espectacularizada, y mientras más violenta mejor. En esta fábrica, donde todo tiene un discurso cinematográfico, y donde priman los rankings y conteos, hay listados de mujeres desaparecidas de todos los grupos sociales, excepto de las nativas americanas. Pero Wind River desconoce el número (como si eso fuese lo importante) de mujeres desaparecidas.

Wind River es un condado en Wyoming que con una gran superficie tiene sólo 6 policías. Es una especie de reserva de nativos americanos, en donde el único dispuesto a colaborar con la seguridad es un ex combatiente que ahora se dedica a cazar animales peligrosos que azotan a todo lo que tenga vida y movimiento. Es un lugar al que, según uno de sus nativos, la nieve y el silencio son las únicas cosas que no les han quitado.

El cazador Cory Lambert (Jeremy Renner), en la búsqueda de lobos, encuentra en la nieve los restos congelados y agredidos de una chica. Y si bien es el único civil que colabora con la policía del lugar, ya no es un caso en el que él pueda tomar parte, por más respuestas que tenga. Este ya es un caso en el que intervienen los federales, o mejor dicho el FBI. Y para evitar mayores gastos, enviaron a alguien que estaba de paso, a la agente Jane Banner (Elizabeth Olsen).

Lambert es el más capacitado para ayudar a la agente Banner, es quien tiene el olfato más preparado para seguir las pistas. Lambert sabe que para encontrar a los responsables, como los lobos, no hay que ir detrás de ellos sino precisamente de lo que dejaron en la nieve. Aquí Banner es una novata y estereotipada agente que aparenta estar acostumbrada a dar órdenes y a hacer interrogatorios. Pero su instinto le dice que puede confiar en Lambert para asistirla.

Hasta aquí, y sin entrar en terrenos de spoiler (que no estarían de más) todo parece ser una novela policial más, esa de golpe bajo. Pero Lambert no es retratado como un héroe, Banner no es retratada como una heroína ni como una engreída de Las Vegas, y poco a poco, con escasos elementos y un extremadamente escueto desarrollo de personajes, se dejan entrever las vulnerabilidades de cada uno de ellos, que tienen su referente en la vida real, porque lo que Wind River cuenta está basado en hechos reales y algo recientes.

Poco a poco Banner se va metiendo en la boca del lobo. Según Lambert, los lobos no atacan a venados que tienen mala suerte, sino que atacan a los débiles. El devenir de esta historia real, llevada al cine, tiene un poco que ver con cómo Banner deja de lado su debilidad para hacer las únicas dos cosas que se puede hacer en Wind River: rendirse, o sobrevivir.

Ésta ópera prima de Taylor Sheridan se exhibió en Sundance y logró el premio a Mejor director en la sección ‘Una cierta mirada’ en Cannes. Con un guión preciso y correcto en manos del mismo Sheridan, guionista de Sicario y Hell or High Water, el film logra una crudeza, un nivel de tensión, y una resolución de nudos que si bien es atípica está algo vista, y que se anticipa al clímax con un orden de guión más que acertado. Hay un perfecto equilibrio entre lo visual y lo narrativo, y sin explotar recursos ni sobre-cargar con elementos edulcorados, construye un relato sólido, dejando notas muy tenues de discriminación, abuso y misoginia, de esas que a Hollywood le gusta espectacularizar.

(9 / 10)

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