Transparent – Temporada 4, de Jill Soloway

Soy un ser humano. Y solo quiero ser un cuerpo. Hagamos lo que hacen los cuerpos.

La madre de las dramedias actuales volvió con una temporada que pierde fuerza, con personajes cotidianos reconocibles en su universo. Extrañaremos la sorpresa de la premisa inicial del piloto, con ese padre que asume siempre haberse sentido mujer, y con ese viaje de ella y de su familia para adaptarse a la nueva realidad.

¿Dónde están los Pfefferman? Los primeros capítulos de las anteriores temporadas tomaban por sorpresa al espectador – el comienzo de la transformación de Maura, el casamiento de Sara, la road city de Maura en búsqueda de Elizah – logrando enganchar desde el minuto cero con la historia que va a desarrollar en el resto de la temporada, o con las premisas que ahondan cada una de sus criaturas. En este primer capítulo decide ser más tradicional. La serie abre con un monólogo de un personaje nuevo, Lila, en una reunión de adictos al sexo. Luego de este monólogo cada uno de los personajes nos irá develando como se encuentra de cara a la nueva temporada, como una especie de resumen de lo que ha sucedido en este año de ausencia. Maura ha vuelto a dar clases, Ali se ha separado, Sarah ha vuelto con su ex marido y Josh sigue tan perdido como siempre. Este principio arquetípico habla un poco de la serie que veremos. Una serie que ya sabe que ganó a su espectador, y que toma una actitud relajada y no tan vanguardista a la que nos tenía acostumbrados. Ya no tendremos un capítulo – o un par, o varios – que rompen estructuras, sino una serie de usos y abusos a la que nos tiene acostumbrados. Esta falta de frescura hace que la temporada pierda fuerza frente a sus temporadas anteriores.

El viaje de la familia Pfefferman. En este contexto nos encontramos con los mismos personajes perdidos de siempre – con excepciones que desarrollaré en el párrafo final – con uno o varios hilos conductores. El principal se trata del viaje, inicialmente laboral y en el marco de una conferencia sobre religión y género, que hará Maura a Israel. Este viaje vuelve a conectar a la familia con su pasado, un pasado que ha sido visitado por la serie con el uso del flashback en numerosas ocasiones, y en algunas con hermosos resultados, como ese capítulo dedicado a la matriarca de la familia, Rose, en la tercera temporada. Por una serie de acontecimientos la familia entera termina viajando a Jerusalén buscando conectar con ese pasado perdido para la familia en lo inmediato, y con sus antepasados judíos en general. El viaje funciona para ver interactuar a todos los miembros de la familia de una forma que –también – ha explorado con el crucero de la temporada anterior, con mejores resultados. Y es que esto es lo que ocurre con esta temporada, todo nos deja sabor a poco. Como esa sensación de cenar sin postre. La cena es rica, pero falta el cierre.

Esos benditos personajes secundarios. En la nota que escribí para la temporada anterior hablaba de ese aire fresco que producían los personajes secundarios – aquellos que escapaban a los cinco miembros de la familia – frente al egoísmo y egocentrismo de la troupe Pfefferman. En esta temporada esa ausencia de secundarios se nota, y mucho. Por una parte porque la serie humaniza un poco a los principales, ya no son tan egoístas, o si lo son apelan a que empatizan con el espectador que ya los conoce y los perdona, y les dedica más tiempo de pantalla. Con la excepción de Davina – brillante Alexandra Billings – que mantiene su arco argumental y lo amplía con un pequeño flasback, y la aparición de Lila, una joven y adorable maestra adicta al sexo, el resto de los secundarios brillan por su ausencia o por sus grises. Y en esta ausencia se extraña un poco el personaje de Raquel, Kathryn Hahn, de la que no sabemos nada tras su separación definitiva con Josh. Otro error de esta temporada es subestimar al espectador intentando explicarle aquello que ya conoce o intuye, viajando para atrás cuando podría viajar para adelante o para los costados. Transparent creó un universo con sus personajes, y es allí donde respira.

Maldita Gaby Hoffman. Maldita. Maldita. En lo que es un intento de exorcizar lo que no me gustó de esta temporada, he intentado explicar cuáles fueron los puntos débiles con los que me encontré en el marco de la historia que eligió contar. A pesar de las debilidades de la temporada, no puedo dejar de hablar lo que la serie hizo bien, de una manera brillante, y que tiene que ver principalmente con el desarrollo de Ali, el personaje de Gaby Hoffman. Esta actriz que ya nos había demostrado ser una excelente intérprete en la temporada anterior, y que en esta se anima a más y dirige un capítulo de la temporada, es quien se destaca del resto de la familia. Y es que Ali es el personaje que más creció con en el tiempo. Con un inicio que la mostraba como el más caprichoso y egoísta del clan familiar, fue tomando fuerza como la distinta entre distintos, para finalmente estallar en esta temporada. En su mirada, en su cara sin maquillar, en su andar andrógino, en sus ojos que lloran sin llorar, se encuentra el alma de un personaje que sufre sin saber por qué sufre, pero con la certeza de que tiene motivos para sentirse así. Esta interpretación tan física, pero tan para adentro a la vez, es muy difícil de lograr, y Gaby Hoffman lo hace de una manera tan real, tan natural, que se roba cada una de las escenas en las que  participa. Ya no nos altera, no nos molesta, no nos aburre como sucedía en temporadas anteriores, sino que es la nueva Maura a seguir. Ese personaje que se atreve a ir hacia adelante y no moverse en círculos, con una historia que es la suya, y que quiere ser contada.

La cuarta temporada de Transparent es una temporada más madura, no tan brillante pero sin tantos altibajos. Es una serie que ha crecido con dignidad y que siempre tendrá una historia que contar, pero que nos deja con gusto a poco. Es un banquete hermoso en el que falta el postre, o el vino. De todas maneras, Pfefferman gracias por tanto.

(8 / 10)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *