Stranger Things 2, de The Duffer Brothers

Llegó la tan esperada segunda temporada. Stranger Things 2 se estrenó en Netflix conmemorando Halloween, con un poco de demora considerando que la primera temporada se lanzó en Julio. En el 2016 fue una de las grandes sorpresas y novedades, demandó mucha inversión, y fue el guiño nostálgico a los comienzos de los ‘80 con un nivel y calidad que no nos esperábamos, y por lo que fue una de las series que más hype generó.

El primer episodio es digno de una segunda temporada, pero al mismo tiempo muy propio de Stranger Things. Si bien pasa poco, es suficiente para refrescarnos el sabor que nos dejó la primera temporada y para hacernos querer más. Y aprovecha para introducirnos a los new kids on the block: Max y Billy, unos hermanastros que son entre ellos más antagonistas que familia. Y este es tal vez el único refresh joven que vemos en la segunda temporada, pero aún sin motivos. Cada uno de los hermanos llama la atención a su manera, de formas distintas, y de personajes distintos, y más allá de que no distraen, por ahora mucho no suman.

Además de estas dos incorporaciones, y del doctor que aparenta trabajar en el seguimiento de Will, nos encontramos con uno de los personajes mejores pensados y calculados de la temporada: Bob. Tiene un romance incipiente con Joyce y si bien hay un acercamiento clave a Will, Bob tiene un objetivo en la historia y nadie (excepto Joyce) que lo ate a nosotros.

La tensión crece muy a cuentagotas hasta el cuarto episodio en donde vemos a Will siendo abordado por el gran Demogorgon del poster. Eleven parece escondida, tanto en la historia como en la cuota de pantalla. Pero después tiene un merecido capítulo 7 en donde se encuentra con el look madonnesco y su vieja hermana de cuarto, Kali.

El cuarteto de amigos (Will, Lucas, Dustin y Mike) pronto se vuelve a ver afectado pero no ya por una desaparición, sino por varias apariciones: Dart (la primera criatura categorizada como un demodog), Max, y el Demogorgon. Todos y cada uno, tienen un arco emocional bien armado: Mike intenta cuidar a su mejor amigo y extraña a Eleven; a Dustin y Lucas los une su atracción por Max pero en Dustin es más fuerte el descubrimiento de Dart y en Lucas pesa más la fidelidad a los secretos del grupo; Eleven trata de respetar las normas de Hooper pero desiste cuando descubre que él le mintió; Joyce está entre su enamoramiento con Bob y el cuidado maníaco por Will; Jonathan también tratando de cuidar a Will pero ayudando a Nancy; Nancy envuelta en un triángulo amoroso con Steve y Jonathan pero atormentada por la verdad sobre Barb; Steve siendo desplazado de su rol de chico popular por Billy; etc.

Y durante todos estos giros, las cosas del otro lado, continúan, avanzan. Y avanzan en la medida en que crecen esos que sólo están destinados a ser vencidos: los miedos. Will encarna a los miedos y la necesidad de compañía, Joyce la sobreprotección, Hooper la resignación, Jonathan la inseguridad, Eleven la marginación, Mike el desarraigo, y así podríamos seguir. Cada uno de los personajes, con nudos que se ajustan y se sueltan. Pero lo importante de todo esto, es que sucede mientras nos alimentamos de todo lo que ya nos gustó: la ambientación, la música, y las infaltables referencias a los clásicos de la década como Star Wars, Alien, ET, Ghostbusters, y todas las historias que marcaron a una generación entera y su hype.

Rememorando la primera temporada, Barb fue una suerte de sorpresa en el efecto en el público. Nadie nunca supo que esperar de Barb pero su aparición no pasó desapercibida. En la segunda temporada, los Duffer no quisieron repetir el patrón y generar otro efecto similar, y crearon un Bob con un objetivo claro para la resolución. Su final es distinto a pesar de tener la misma posición narrativa que la de Barb.

Por otro lado, Steve tiene una conversión, y tal vez es eso lo que hace que empatice más con nosotros: su acercamiento a Dustin y al resto de los niños. Pero no deja de formar parte del triángulo amoroso, un triángulo en el que él es el centro, y las otras dos partes son empujadas a tener química solo en pos de #JusticeForBarb. Y es esa química no bien planteada la que tiene algo de éxito en la escena estilo Indiana Jones en donde ambos juegan a ir a la habitación del otro.

Todas las similitudes que hay entre IT y esta temporada, puntualmente con el personaje de Bob, son referencias intencionales. De hecho hay una conexión establecida entre ambos mundos: Bob le ofrece a Joyce una casa en Maine, lugar donde suceden los hechos que sabemos de IT casi 30 años antes en la década del ‘50.

¿Qué está bien en esta segunda temporada?

En lo narrativo, repite formas y perfecciona los nudos.

En lo visual, es más que suficiente.

¿Qué está mal en esta segunda temporada?

La alianza entre Jonathan y Nancy sólo con el fin de hacer #JusticeForBarb.

La poca cuota de pantalla para Eleven.

Stranger Things 2 es un equilibrio perfecto entre una historia nueva con estilos reciclados, es el producto que está bien hecho y encuadra en la demanda de muchos públicos diferentes. Se podría decir que, en una época en donde hay villanos más interesantes, se arriesga por armar personajes que no son héroes, sino que son un poco más (y mejores) humanos, reales, y sin huecos. Y deja el lugar del villano, al menos por ahora, en una posición más desfigurada, caricaturezca, impersonal, y sin propósitos. Eso es tal vez lo que mejor hicieron los Duffer: querer a sus personajes sin sobreestimarlos ni sobredimensionarlos, y creo que eso es lo que seguiremos comprando.

(9 / 10)

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