Riverdale – Temporada 1, de Roberto Aguirre-Sacasa

Riverdale: la serie meta

Decir que Twin Peaks cambió la forma de hacer televisión es ya un lugar común. Que de ella se nutrieron en mayor o menor medida numerosas, por no decir la mayoría, de las ficciones que vendrían después es una verdad que no resiste hipótesis en contrario. Desde, el clásico Quien mato a Laura Palmer? que muta de acuerdo al crimen a investigar de turno (The Killing, Broadchurch) hasta el reinventado concepto de pueblo chico – infierno grande, han sido elementos que la serie creada por David Lynch y Mark Frost supieron reinventar para hacer algo completamente nuevo. A solo unos días para volver a disfrutar de una nueva temporada de Twin Peaks, Riverdale aparece como telonera perfecta de la serie madre de tantas series.

Riverdale, como Twin Peaks, es el nombre del pueblo en el que viven Archie y sus amigos. Un pueblo que, como Twin Peaks, es pequeño y en el que hay un lago, muchos pinos, y secretos ocultos que no quieren ser revelados. La serie comienza con el hallazgo del cuerpo de Jason Blossom, el chico popular del colegio – capitán del equipo y rey del instituto – que como aquella Laura Palmer escondía más de un secreto en su aparente feliz vida. Este es el disparador para conocer a una serie de personajes que, de una u otra manera, están relacionados con Jason y son piezas fundamentales para el ya conocido juego del gato y el ratón. Y es que Riverdale no inventa absolutamente nada, pero utiliza la fórmula del copiar y pegar de manera tan brillante que no podemos dejar de sentir que lo que estamos viendo lo estamos viendo por primera vez.

Sin embargo no podemos pasar por alto que la serie tiene sus defectos. Entre sus principales problemas Riverdale no logra, ni intenta, despegarse del formato de un culebrón en el que existen los amores prohibidos, los triángulos amorosos, embarazos no deseados, incestos, entre tantos trucos que vienen a hacer de fáciles cliffhanger para que la señora, o el señor, o el público joven al que está dirigido, se mantenga atento de una manera sencilla a la historia que se está contando. Tampoco cuenta con un reparto de grandes actores, sin dejar de dejar de destacar parte del casting – Betty y Veronica, párrafo aparte – la mayoría son actores que la mayor parte del tiempo están sobreactuando, entiendo porque es parte del juego al que están jugando.

¿Entonces? ¿Donde está el atractivo de esta Twin Peaks adolescente que tomó por sorpresa a más de un crítico? Principalmente en el desarrollo de sus personajes principales, y en su estética. Riverdale es hermosa, lo sabe, y lo luce. Esa escena del piloto que nos presenta a Veronica Lodge, la chica nueva que llega al pueblo huyendo de un pasado tormentoso, llegando a Pop’s – el bar típico americano que nunca duerme – enfundada en una capucha gótica, es el ejemplo perfecto para hablar de un producto que cuida la puesta escena porque intenta transformarse en una serie que va más allá de la clásica propuesta adolescente. No nos olvidaremos de Pop’s y de sus colores que emulan a gomitas de colores, ni de Veronica. El resto de la tarea lo hace el excelente casting para los cuatro personajes principales. Personajes que tienen carne, que respiran vida. A Veronica Lodge, la chica nueva y rebelde se suman Archie – el falso protagonista que tiene los valores de un líder y la madera de chico bueno -, el conflictuado Jugghead – “la verdadera heroína” de la historia, voz en off del relato y alma sensible del grupo – y, principalmente, Betty Cooper. La rubia que contrasta a la morocha de Veronica Lodge, y que sin duda, está inspirada en otra Veronica, Veronica Mars, con la que tiene más de un punto en común. Un personaje que podría ser solo una suma de prototipos: la chica buena que mira como todo le pasa por encima y decide victimizarse, personaje de telenovela que existe para sufrir durante toda la historia y lograr finalmente algo de felicidad dada, como no, por el protagonista masculino, pero que en este caso decide hacer todo lo contrario. Betty es frágil, y es fuerte. Betty toma decisiones equivocadas, y tiene el coraje para asumirlas y mirar para adelante. Betty es decidida y valiente. Es capaz de hablar cuando tiene que callar y de usar los silencios a su conveniencia. Betty no es un alma pura, sabe ser mala, incisiva, atrevida. Betty es quien lleva los hilos como, en una ficción más políticamente correcta, los llevaría el protagonista masculino. Betty le roba a Archie, en su cara, la historia. Es en estos personajes donde la serie se hace fuerte, donde logra que nuestra atención se corra del misterio de turno para adentrarnos en las profundidades de la psiquis de estos adolescentes que están aprendiendo a vivir tomando decisiones.

Riverdale ha sido renovada a una segunda temporada que, estimo, deparará otro misterio. Y es una excelente propuesta mientras esperamos la vuelta del agente Cooper a Twin Peaks. Del agente Cooper que comparte con Betty el apellido, como Riverdele comparte con Twin Peaks, en cierta medida, el universo.

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