Le Nouveau, de Rudi Rosenberg

Pequeños grandes gigantes.

Le Nouveau es ante todo una película feliz. Siempre es más difícil escribir una crítica de una buena película que de una mala película. Creo que en eso radica el porque de que se llame crítica a una crítica y no festejo, por ejemplo. Y con Le Nouveau el trabajo es aún mas difícil porque es una película perfecta.

En el plano inicial vemos una habitación pintada de rosa y con figuritas de pequeños ponys y Barbies pegadas en la pared. El plano siguiente nos presenta al protagonista haciendo tiempo para no levantarse de la cama. Con esta efectiva introducción nos presentan a nuestro héroe, Benoît, quien acaba de mudarse a Paris y comienza el colegio en una nueva escuela. El nuevo que llega a la escuela a la que acaba de cambiarse porque su familia se ha mudado de barrio ha sido contado infinidad de veces, sin embargo me cuesta recordar una vez en la que se haya hecho con tanta frescura y entrega.

La película se toma el tiempo necesario para presentarnos una galería de típicos e inolvidables personajes – como el gordito perdedor y algo desagradable, el nerd que participa del coro, la chica linda del colegio, el chico cool que se dedica a molestar a los más débiles – para arrancar y no parar. Y es que estamos ante una comedia, que sabe que esta tratando temas importantes como el inicio del despertar sexual, el bullying, la discriminación, pero que se hace cargo de reírse con el respeto que se merece. Si hasta hay un personaje, central y hermoso, de una chica fuerte con una discapacidad física que esta en el centro de los mejores gags (la chica y la discapacidad), y esto ya es decir mucho.

Y es que el director esta completamente enamorado de sus criaturas, a los cuales les ha creado un mundo en el que vivir. Y se nota porque la mirada nunca se despega de ellos, como si la cámara solo pudiera desprenderse un metro y medio del suelo. Los únicos personajes adultos son los padres de Benoît, a los que conocemos en una de las primeras escenas y luego no vuelven a aparecer, un par de profesores intencionalmente no desarrollados y el tío eterno adolescente, que existe porque juega un rol necesario en la trama, y porque en el fondo sigue siendo un niño. El resto, los protagonistas absolutos, son adolescentes quinceañeros que viven en su mundo, el mundo que la película les ha creado. Es por eso que hasta en una escena en la que uno de los protagonistas habla con un alumno mayor en el patio de la escuela, el plano le corta la cabeza al chico mas grande, mas alto, porque ya no pertenece al mundo en el que habita Le Nouveau. Ya creció, y esta historia nos cuenta otra historia.

Durante poco menos de una hora y media fui hermosamente feliz dentro de una sala de cine, con cerca de treinta personas a las que sentí ser tan felices como yo, en una comunión que no siempre es fácil de conseguir. Y es que desde el minuto cinco y hasta el final no dejé de sonreír, de reírme tímidamente, fuerte, a carcajadas, en una película en la que me hubiera gustado quedarme a vivir. O que fuera una serie y poder encontrarla mañana a la noche en un nuevo capítulo. Igual no me doy por vencido y volveré a verla, tantas veces como quiera. En Mendoza se proyecta durante toda la semana y es una buena oportunidad para recomendarla. Mañana será el momento de decir “buenos días, anda a ver Le Nouveau. Tal vez solo esté esta semana, y es una experiencia hermosa”

En Argentina gano el Premio del Público en el último BAFICI y se estrenó hace un par de semanas atrás. Solo duró una semana en cartel a pesar de las excelentes criticas y el antecedente del premio del festival de cine independiente. A veces el cine, como la vida, no es justo. Otras nos permite volver a ser niños, o adolescentes, o superhéroes enamorados de la chica mas linda del colegio. Esas oportunidades no hay que dejarlas pasar, uno nunca sabe cuanto pueden durar.

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