La Chica del Tren, de Tate Taylor

Paco para feministas

La Chica del Tren llega a los cines con el antecedente del libro del mismo nombre, y de una película exitosa con temas en común, Perdida (Gone Girl).

Por un lado venía con el hype de estar basada en el libro que fue “capaz” de desbancar a la saga Cincuenta Sombras de Grey de cuanta lista de libros más vendidos existiera. Y si bien las críticas a la novela ya podían augurar lo que podía pasar con su adaptación cinematográfica, uno esperaba principalmente repasando el casting y el director cuyo antecedente mas mediato (The Help) había gustado mucho, que pudiera superar la versión de papel. Pues no.

Por otro lado tenía el aura de Gone Girl. También una adaptación de un bestseller que contaba con una protagonista femenina fuerte, de armas tomar y que sorprendió por sus múltiples y efectivos giros de guion. En la temporada de premios se esperaba que Gone Girl estuviera representada en las categorías de guion y actuación femenina, cosa que finalmente no ocurrió, pero no opacó el éxito de la película. Sin embargo tampoco cumple estas expectativas.

  • © Amblin Entertainment

¿Y qué es lo que sucede con la película que no puede superar estos obstáculos? Principalmente, es aburrida. Tremendamente aburrida, y larga. Casi dos horas de metraje para adaptar con puntos y comas un libro que contenía un par de ideas interesantes que podían funcionar muy bien en la pantalla grande (el testigo de un crimen que no recuerda el crimen, el medio de transporte como espacio en el que transcurre parte de la acción y la movilidad que éste puede agregar, y el misterio de qué fue lo que sucedió y quién es quién en un reparto coral con múltiples puntos de vistas). Todo esto no funciona porque no se adapta al lenguaje cinematográfico (a veces da la sensación de que estamos viendo una novela de la tarde), pero principalmente porque no se desprende de la construcción arquetípica de las tres protagonistas, puntos de vista en el libro y en la película. Los personajes femeninos aquí son de manual. Mientras que en Gone Girl el personaje femenino podía causar cierto rechazo por desagradable y manipulador en una apuesta jugada, de construir una mujer que tenía más rasgos masculinos que femeninos (de los malos), y que trajo más de una protesta del feminismo en su momento que no entendió que la violencia de genero podía ser también desde las mujeres hacia los hombres, aquí construye tres mujeres intercambiables que poco suman a la bandera de los derechos de la mujer. Las tres dependen, y existen, gracias a los hombres. Las tres son manipuladas, golpeadas, usadas, descartadas por los hombres de la historia (que también son unidimensionales), y ésto, lejos de sumar a la trama, que podría, logra mostrarnos que para salir de este círculo vicioso, las mujeres solo tienen dos caminos: o morir o matar. Mensaje que, además de peligroso, es equivocado.

Es cierto, esto estaba en el libro, pero podría no haber estado en la película. Podrían haber tomado el riesgo de que sintamos empatía por las protagonistas, o no, que las odiemos. Pero no lo hace. Logra continuar confiando en personajes cansinos y de manual, tanto en género masculino como femenino, para contarnos una historia de violencia de genero. Un tema importante y de vital actualidad que podría haber sido desarrollado, pero que es completamente desaprovechado. Porque las mujeres son perras, o son putas, o son débiles, y los hombres son abusivos, o son golpeadores, o son manipuladores. Y los grises no existen.

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