El Porvenir, de Mia Hansen Love

L’avenir (en español conocida como El Porvenir, y en inglés como Things To Come), es una de las películas que llega a Mendoza sin estreno comercial, en el marco del 1er Festival Graba, pero además llega dentro de la estela de luz que dejó Elle. Es sin dudas una película esperada por todos aquellos que quedamos fascinados con la interpretación que hizo la misma protagonista el año anterior en ese film de Paul Verhoeven, que le dio su primer Globo de Oro y una nominación al Oscar. Hablo de nada más y nada menos que Isabelle Huppert.

No podemos seguir hablando de El Porvenir sin introducir a su directora y guionista, de apenas 36 años y 4 largometrajes previos. Hansen Love parece estar muy dedicada a explorar distintos tipos de crisis personales lo que le da delicados matices a su cine que no se encasilla. En El Porvenir elige contarnos difíciles momentos en la vida de Nathalie Chazeaux, una comprometida profesora de filosofía.

Una de las cosas más importantes de El Porvenir, es que, en una coyuntura marcada por el océano de personajes, nos relata la historia de una persona, sin recurrir a indicios de cosas que nos hacen pensar y deducir que Nathalie es así por x motivo y hace las cosas por otro motivo. Vemos a Nahtalie siendo. Siendo una profesora a la que no le interesan los colores políticos en un contexto en el que el menor de los estudiantes es teñido por los mismos. Siendo una madre ubicada que no empujó a sus hijos hacia su ideal de futuro sino que, aunque crítica, dejó que ellos moldearan el suyo. Siendo también una hija que no entendía de delirios, ni de dónde venían ni hacia dónde iban.

El Porvenir cuenta cómo Nathalie es alguien distinta, una hora cuarenta después, pero también quizás la misma. Después de estar rodeada de muchos tomos con distintas opiniones, a estar rodeada de sólo los necesarios. El Porvenir es una canción silenciosa, que nos invita a no escuchar más que el mar y el viento. Pero en el arte el tiempo es categórico, y luego de verla, podemos sentir que rápidamente hemos leído un libro que nos va a llevar tiempo procesar, más allá de la consistencia de las palabras, de las lágrimas, de los trotes.

Los pocos momentos musicales de L’Avenir son tan eficaces que podemos sentirnos tan conocedores de Nathalie como desorientados con ella. Momentos en los que no sabemos si hablan nuestras ideas o nuestras emociones, o bien una mezcla casi perfecta de ambas.

Esta es mi verdad sobre El Porvenir. Pero evocando un poco a la profesora Chazeaux, debatir mi verdad sobre la película es una cosa, contestarla, es otra. En el arte el tiempo es categórico, y la hora cuarenta de El Porvenir hizo valer mi tiempo frente a la pantalla.

Isabelle Huppert nuevamente se entrega a las líneas y las manipula a su antojo. Hansen Love hace una intervención medida de personas secundarias en la vida de Nathalie, y lejos de conseguir un film lento, manipula el tiempo a su antojo, haciéndonos querer seguir caminando por el parque con Nathalie.

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