Joy, de David O. Russell

Me gusta hablar del cine y de las películas como una experiencia. Palabra un poco desgastada y bastardeada. La usamos para sugerirle al otro cómo tiene que vivenciar algo.

Hasta que encuentre una palabra nueva, la voy a usar.

Hace pocos días me encontré en un viaje laboral eligiendo películas para ver en el avión, sin criterio alguno para decidir. No sabía si ver esa película que no iba a ver ni con mi pareja, ni mi amigo, ni sólo en casa, o si ver esa película que ya todos habían visto, o tal vez esa película independiente que ni su productor vería.

Finalmente opté por ver esa película que me había quedado en el tintero de la temporada de premios y que algo me decía (una nominación al Oscar como Mejor Actriz) que la tenía que ver y yo me resistía.

Hablo de Joy, de David O. Russell, conocida en Latinoamérica como Joy: El nombre del Éxito. Antes voy a hacer un breve repaso de las 3 realizaciones anteriores del director para ver cómo llegamos hasta la última parte de esta trilogía cómica-dramática del equipo Russel-Lawrence-Cooper-De Niro.

La primera (Silver linings playbook, 2012), es la comedia romántica e histriónica de dos personajes particulares con un peso dramático bien repartido entre ellos. La segunda, es donde se divierten en un thriller cómico de estafadores y estafados (en esta, De Niro solo hace un personaje chiquito), pero que no salió bien y hasta resultó aburrida. No presentó nada nuevo o distinto. Su estética narrativa no cambió, y es notable que se trató de un equipo de actores y realizadores que estaban cómodos haciendo algo conocido.

La tercera parte de la trilogía es la biopic. Ya podemos cargar un error en el director, y es que se confunde en pensar que ese trinomio funciona siempre, y peor aún, que son reciclables.

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Juzgando solo al director podemos decir que es poco arriesgado, y que abusó de su condición de indie al casarse con una actriz, que justamente es la más cotizada y hoy llamada novia de América, con el peso de una franquicia en su haber. Yo estoy hablando de una trilogía que espero que él la entienda como tal, y que entienda que tiene un comienzo y un fin.

Juzgar a Lawence no podemos. Ella es quien sostiene la película en su totalidad. Otra deficiencia del director es pensar que podemos creer que Joy tiene exactamente la misma cara a sus 20, que a sus 30 y a sus 50, y este es el error que le baja casi la mitad de la credibilidad y el puntaje al film. Seguramente Jennifer Lawrence esté igual de fresca dentro de 25 años, pero no el personaje que interpretó. Entendí que lo importante es el quien y el cómo, pero no son esos los pilares del cuento.

Y si esperé hasta esta línea para recordar que Bradley actuaba también en Joy, es para dar cuenta de la importancia de su rol. Así de desaprovechado está él, haya estado dentro o fuera del trinomio de actores fetiches que acompañaron en los últimos 4 años a David O. Russell. Es hora de que esta pareja se reencuentre en shows de medianoche dentro de 5 años, o que vuelvan juntos en un proyecto a la pantalla grande dentro de 10 años, y sea esa la novedad. Pero no es bueno este desgaste, y menos cuando tienen talento para dar.

La performance de ella es excelente siempre, y en Joy no defrauda. La película “está bien” pero ni el espectador exigente ni el liviano se conforman con esto. La película tiene que estar “genial”, no tan sólo bien. ¿Merecía la nominación al Oscar y ganar el Globo de Oro? Sí. ¿Merecía el director ser considerado nuevamente para el Oscar? No. ¿Merecía la película esta nominación que tuvo a la categoría “Mejor comedia o musical” en los Globos de Oro? No es una comedia claramente, ni lo fueron las 2 partes anteriores de la trilogía.

Son dramas por donde se los mire, nos haga reír o llorar.

En fin, es esa película para ver en el avión, donde la oferta es limitada y hay que matar el tiempo.

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