Colossal, de Nacho Vigalondo

Tratándose de heroínas, solemos buscarlas entre los comics más azucarados y jugosos, cuando en realidad las tenemos en nuestras narices. Y frente a esto, muchos podrían retrucar erróneamente “pero esas heroínas no tienen villanos a quienes enfrentarse”. Esto desemboca en un cuestionamiento necesario que últimamente con tantos héroes y villanos nadie se hace: ¿la del bien y el mal es una dualidad tan necesaria? No podemos responder a esa pregunta pero sí podemos decir que es una realidad. Y Colossal es un relato fantástico plagado de elementos reales, y de otros invisibles.

La última película de Nacho Vigalondo, nos cuenta sobre Gloria (Anne Hathaway) una chica de treinta y pocos, periodista, con serios problemas de alcohol, y en una relación amorosa con Tim (Dan Stevens) un ejecutivo tan pretencioso como exigente. Hasta acá, elementos reales. Pero como en toda realidad, de fondo tenemos elementos invisibles, que pueden hacer de correlato inmediato con elementos de esa realidad: detrás de los problemas de alcohol que tiene Gloria, hay problemas de inseguridad, inhibición (que el alcohol ayuda a aflojar) y por ende, de varias cosas más. Problemas que se manifiestan de forma distinta en Tim, que también padece cierta inseguridad.

Pero además de elementos reales e invisibles, el condimento que define el género de este film es el fantástico. Colossal es un drama cómico negro, o una comedia dramática negra, o en el orden que se quiera, pero sin dudas es negro. Es una suerte de Godzilla vs Megazord sin Gareth Edwards, y con un tono cómico – bizarro que amortigua los efectos colaterales de la aparición de estos gigantes que salieron hace 25 años de unas mochilas escolares. Un cóctel que sin dudas es llamativo, ingenioso, y que está muy bien ensamblado narrativamente para decirnos que, seamos héroes o villanos, las soluciones y las decisiones cuestan mucho, y siempre afectan a alguien. Y que mientras más nos demoremos en llegar a ellas, o mientras más las esquivemos, más víctimas dejaremos en el camino.

El ensamble entre estos monstruos (género fantástico) y esos elementos reales e invisibles, es tan colosalmente excelente. A nadie más que a Vigalondo se le ocurrió representar con dos monstruos extremadamente torpes, las formas de violencia y subordinación más sublimadas -y curiosamente más gráficas- que ejercemos hoy en día. Más allá de poder hacer una lectura sobre qué dice y representa esta película sobre la violencia de género, podemos dilucidar -y de la manera más pedagógica que he visto últimamente- la otra violencia, esa que hacemos todos, que es la psicológica. Gloria tomó decisiones, algunas equivocadas y otras acertadas, pero las tomó. Decidió no ocuparse de su problema de alcohol hasta que llegó a un punto en el que si ella no tomaba sus propias decisiones, iba a caer completamente bajo esa subordinación. Y Vigalondo decidió empoderarla y no subestimarla. Gloria podía, y lo hizo. Pero con esto Vigalondo no nos da solo una lección de poder, sino también de cómo somos cuando actuamos bajo presión, y de cómo somos cuando presionamos.

Creo de todas formas que la mejor decisión que tomó Vigalondo fue la de graficar todo esto en un drama cómico negro, es decir, no le hizo falta recurrir a un golpe bajo, ni dramatizar barrocamente la violencia, ni musicalizar con violines las partidas y con melodías graves los golpes, ni mucho menos hacer un melodrama sobre la alcoholemia. Lo hizo con una película cómica, entretenida, bizarra, con giros inesperados. Es decir con una economía de recursos pensada para proyectar en la pantalla algo nuevo y lo menos clásico posible.

En una época en donde las heroínas tienen trajes metálicos y ajustados, escudos, y otras son despechadas y vengadoras, Gloria nos trae humor, inteligencia, y su único poder es un golpecito en la cabeza que nos acomoda las ideas. Cualquier comparación con Black Widow, Wonder Woman, Captain Marvel, Jessica Jones, etc, es totalmente absurda, ya que Colosal tiene otro estilo, otro argumento, y otros registros discursivos. Lo que rescato y donde puedo hacer un paralelismo (no comparación) es en el hecho de que que Diana Prince actúe por el amor al otro, y que Gloria actúe por el amor propio. Una, lucha contra villanos externos e históricos, la otra, con males más corrientes y terrenales, pero igual de nocivos. Ambas son igual de necesarias.

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