A Cambio de Nada, de Daniel Guzman

Darío adolece. Pero no en el sentido peyorativo de la palabra. Quien adolece, sufre los cambios, los exterioriza, o los interioriza, los sufre. La pregunta es ¿los cambios de qué o de quién? ¿A quién o a qué adolece Darío? ¿A sus padres, o a la vida?

Quien acompaña a Darío en el sentimiento es Luismi, su mejor amigo, pero éste no es tan problemático como Darío.

Darío responde a los cambios vendiendo partes de motos robadas a un taller, y a veces robando otras cosas. Y no es que lo justifique, pero es claro que esa actividad en Darío es una respuesta a lo que pasa en su adolecer, valga la redundancia. Su familia se está deformando, y eso lo está deformando. Sus padres hacen frente a una separación en la que él es un testigo a favor y en contra de ambos, en donde se disputa nada más y nada menos que el orgullo y las miserias de cada uno.

Lo que vemos hasta ahora, cobra otra humanidad cuando Darío conoce a Antonia, una anciana que recoge objetos y mobiliario de la calle para armar su tienda de usados. Empatizar con algún personaje en este film es casi imposible, hasta que finalmente aparece Antonia, austera, seria, pero sin filtros. Y es Antonia quien hace que Darío sea un poco menos miserable.

La historia por momentos nos provoca deseos culposos, pasan cosas que no deberían pasar, pero nos satisface que ocurran. Todo esto suena a una película cruda y lastimosa. Y por momentos lo es. Lejos de hacer una sobre-interpretación del film, lo que ‘A cambio de nada’ muestra, es la vida misma de algunos, o lamentablemente de muchos. Es un film simple, discreto, minúsculo. Apenas tuvo un galardón en un festival de cine español en Málaga.

Al margen de ver y leer la historia, necesitamos empatizar en algo con Darío, y lo que sucede es que ese momento nunca llega, porque Darío no es un personaje. Es una persona más, adolescente o no, común y corriente, pero como todos, atravesado por cosas, momentos y personas que, sean muchos o pocos, nos modifican, y nos hacen adolecer. Darío es esa persona tácita: está, pero no la vemos. Está pero no está, porque nuestro umbral de percepción es cada vez más alto, o más bajo, pero nunca está a la altura de lo que podríamos ver. Testimonial o no, es una historia surrealista en el realismo: de tan común que es, se suprime, y no la vemos, pero sabemos que está. Es la historia del vecino de en frente, de esa vereda a la que nunca cruzamos, de esa realidad omnipresente, de un universo distinto que para él es su día a día, un escapar constante a cambio de la amistad, a cambio de problemas, a cambio de nada.

‘A cambio de nada’ es un vaivén constante entre el drama, la comedia, y la tragicomedia. Su registro es tan real como difícil. Y Daniel Guzmán se la dedica a sus padres.

(7 / 10)

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